Pasaje destacado

Mientras oigo sus zancadas en el pasillo, repito: Papá-me-quiere, papá-la-quiere, papá-nos-quiere. Le voy a dar un beso por compasión, porque no sabe lo que hace, porque tengo que poner la otra mejilla. Preparo la boquita convencida de mi perdón, también de su inocencia. Me someteré a lo que papá exija, porque he aprendido que si me resisto (¿patadas a su espinilla?, ¿gritos destemplados?, ¿llanto?), habrá un castigo aún peor que el del beso que me está robando...".
Los puntos fuertes de la novela
Tengo unos quince años cuando mamá empieza a insistir en que voy a matar a papá. Su amenaza es un repiqueteo constante que vierte en mí sin el menor preaviso. Me descompone. La voz de mamá me martillea hasta que, por fin, con veintitrés años, me voy de casa. La retahíla de mamá se intensifica a mis dieciocho, con la mayoría de edad, cuando comienzo a estudiar la carrera de Ciencias Físicas y papá decide llevarme cada mañana hasta el tren que hace el trayecto pueblo-del-sur-de-Madrid Puerta de Atocha, donde cojo el metro a Ciudad Universitaria. Vas a matar a tu padre de tanto madrugar para llevarte a la estación, ¿no te da pena, niña? Vas a matar a papá. Aunque sé que no es cierto, eso no impide que mamá gane un poquito más de poder sobre mí cada vez que me lanza esas palabras como un disparo que yo recibo con la boca abierta por la sorpresa.
✔ La trama: ambientada en la España de los ochenta/noventa, está contada por la protagonista de su propia vida. En ella la autora nos muestra a una familia que vive en el “pueblo-del sur-de-Madrid” (así lo describe la madre que se avergüenza de ello porque ella preferiría vivir en un barrio bien, en el barrio de Salamanca de Madrid), con unos padres mega ultra autoritarios, cero permisivos, y una hija ya adulta, que recuerda ante nosotros, los lectores y ante su terapeuta, las penurias sufridas en su infancia, adolescencia y que sigue sufriendo actualmente en su edad adulta. La chica, por no tener, ni nombre tiene, aunque sí tiene un hermano, Jaime, al que los padres consideraban y veían de otra forma por el único hecho de ser hombre, y una hermana adoptada, Jade, que en realidad es su prima.
A través de un gran esfuerzo derivado de una promesa, la de recibir terapia psicoanalítica, y sin más remedio que tener que remover en la mierda, en “su mierda”, hurgar en esos huecos de la mente donde uno guarda lo que no quiere sacar a la luz, ella, narrando en primera persona, nos hace partícipes de cómo fue y es la relación con sus padres (¿se les pueda denominar así?), que nunca la dejaron ser niña, que cohibieron su libertad de expresión, de relación con el mundo, que taponaron a través de miedos infundidos absurdos, su adolescencia y que no le permitieron un desarrollo personal “sano” y “normal”, porque ellos nunca fueron ni “sanos” ni “normales”
He pasado muchos años de letargo y enfermedad debido a ese silencio. En el mes de septiembre, justo antes de mi veinticinco cumpleaños, Jade viene a visitarme durante sus vacaciones. Tras comenzar a cumplir mi promesa comprendo que, para reconectar ese cable telefónico, el que permitirá el intercambio entre mis preguntas y mis posibles respuestas (si es que las hay), debo regresar al pasado, reconocer sentimientos prohibidos y jamás expresados, viajar con la memoria a todas las casas que habité, encontrarme con la niña que fui.
Ya es toda una mujer hecha y derecha que, supuestamente independizada, todavía solo puede ver y experimentar su propia existencia desde afuera, una mujer que no sabe relacionarse con los demás debido a sus múltiples inseguridades y a su falta de autoestima en lo referente al trabajo, la amistad, el amor, y el sexo, vamos, referente a la vida en general.
¿Será verdad lo que dice Gomes?, ¿podría mi niñez explicar que solo si trabajo bajo enorme presión perciba mi puesto de trabajo asegurado?, ¿será este miedo a mi jefe el eco del padre que me acosaba para que no dejara nunca de estudiar, de esforzarme, de sufrir para intentar ser PER-FEC-TA?
Sentada en el diván de la consulta de Gomes, todavía atemorizada por el yugo aplastante de sus padres, comienza a exteriorizar los fragmentos más dolorosos e impactantes de su vida y a sacarlo todo afuera, sesión tras sesión y muy poco a poco, va asumiendo la prisión mental en la que ha estado viviendo desde que tiene uso de razón, aceptando, liberándose, planteándose posibles cambios por más que todavía se sienta totalmente dependiente, amarrada sin remedio a ellos.
Me explica que lograr empatizar con la niña que fui es clave para deshacer los nudos que siento en mi garganta, ojos, estómago y muslos: para que nazca de nuevo el deseo. Tus padres lo han ensuciado todo, dice tras escuchar este relato. Tengo veintiséis años ya, pero me quedo en silencio porque no le comprendo: qué querrá decir, suena a perversión. Cómo no sé llevar la contraria, diría que sí, pero lo cierto es que en lo tocante a mis padres todo es diferente, siento que debo tener cuidado. No puedo evitar susurrar: Pero les quiero. Mis padres lo han hecho todo por mí, digo un poco más alto.
¿Lo conseguirá? ¿Será capaz de romper ese círculo vicioso de toxicidad familiar que la rodea? ¿Conseguirá sentir odio hacia esos monstruos que tan defectuosamente la criaron?
✔ Los personajes: el principal, el más importante alrededor de lo que todo gira es ella, la narradora. Nos interesa su evolución, su posible superación y digo posible porque los traumas que carga son tan poderosos, que el lector se pregunta constantemente si será capaz de avanzar, dejar de odiarse a sí misma y torturarse, dejar atrás los horribles pensamientos que la asedian, cambiar el chip y empezar a sentir que realmente merece ser feliz
Siendo tan pequeña, tan vulnerable, ¿cómo iba a dejar de alimentarme a través de papá y mamá? Les adoraba. Estaba segura de que eso era el amor.
▶︎ Los padres, terroríficos, peor él que ella, pero al fin y al cabo una horrible paternidad ejercida a la par. Ambos fanáticos religiosos, de esos que intentan sentar cátedra sin predicar con el ejemplo, como suelen predicar los fanáticos religiosos, ambos también muy influenciados por la educación recibida en el seno de sus familias racistas y extremadamente machistas
Así que decido no ir andando por mi propia cuenta a la estación, aunque el viaje en coche suponga ir escuchando las oraciones de mi padre, que he de corear. Recito a media voz, con los labios entrecerrados, la mirada baja y avergonzada por esa traición a mí misma, porque no me gusta rezar, porque a mis dieciocho ya no creo en Dios, me parece un ente ajeno y enterrado en el mundo de mi infancia.
Incluso la madre, que también vive bajo el yugo dominante del depredador de la familia, sufre el machismo en sus propias carnes y aguanta con resignación la violencia psicológica y a veces no solo psicológica del marido, al fin y al cabo, no deja de ser igualita que él, apoyándolo en sus ideas y lo que es peor, pretendiendo que su hija lo acate todo sin rechistar. Una madre que no ejerce de madre, egoísta, que solo piensa en ella misma y que incita a su hija a comer sin mesura para engordar, ensanchar caderas, con el fin de resultar menos atractiva a los hombres.
Desde muy niña, mamá me elige como confidente, a lo que yo respondo con un apoyo feroz. Trato de quitar hierro a lo que la hace sufrir, me dedico a paliar sus conflictos. Cuando me va a buscar al cole nunca me pregunta qué tal ha ido el día, quiénes son mis amigos, si tengo alguno, si me pega alguien o me insultan, si me gusta mi profesora, las lecciones, cuál es mi asignatura preferida. Cuando estoy con mamá queda patente que la más necesitada de las dos es ella.
▶︎ Gomes, el psicólogo, juega un papel determinante y bastante complicado en el contexto de la obra: porque complicado (¿tal vez imposible?) es meterle en la cabeza a su paciente que lo que ha sufrido en realidad es maltrato, psicológico, pero maltrato, de parte de unos padres que no la han dejado crecer. Y complicado va a ser conseguir que la adulta deje de sentirse culpable y consiga apiadarse de esa niña que fue y todavía sigue siendo
¿Me maltrataron? Sin ninguna duda. ¿Es que no puedes compadecer a esa niña que tuvo que renunciar a ser ella misma para poder sobrevivir? Vivía aterrada, pobrecita, ¿no te da pena? Estoy de luto por todo lo que no he vivido a su tiempo, pero también por un presente en el que nunca escampa. Parece que mi vida no tiene otra forma de suceder que no sea invadida por la ansiedad y la depresión que torturan. ¿Hay otra manera de existir y que yo desconozco por completo?
▶︎ Jade, la prima, también es un personaje importante. Se queda huérfana con siete años, es adoptada por sus tíos y al final sufre lo mismo que nuestra protagonista, solo que ella tiene una fuerte personalidad, quiere que la dejen ser, no quiere parecerse a nadie y no acata tan fácilmente las imposiciones, se rebela o lo intenta. La complicidad entre ambas primas que en realidad se tratan como hermanas, es uno de los rasgos más bonitos y entrañables de la historia, se adoran, se apoyan, comparten secretos, confidencias, se ayudan a pasar mejor los malos tragos, se convierten en inseparables.
Jade tiene coraje, es la única de las dos que no acepta el no como única opción. Aunque a menudo no logre resultados, pelea y lucha durante días por aquello que quiere. Les grita a papá y mamá. Les dice: Si no me dejáis, me iré y no os veré nunca. Admiro a Jade
▶︎ Hay otros personajes más secundarios de los que sabremos poco porque entran en la trama de refilón, como las dos abuelas gallegas a las que ven en vacaciones cuando la familia viaja al norte, y que tampoco ayudan mucho a mejorar el bienestar familiar: la abueliña Bene (madre de él) siempre vestida de luto y rezando el rosario, la abuela Rosario (la madre de ella) y la tía hada-madrina, hermana de la madre.
La casa de la abuela Remedios está tan cerca del mar que el frío te atrapa y luego te sigue a todas partes. De esa playa llegan culebras invisibles y heladas que se te abrazan a los huesos
✔ La prosa es preciosa, muy cuidada, de esas que acarician mientras lees, que te susurran al oído:
A medida que pasa el tiempo y crezco, siento que mamá y papá han ido cosiendo una funda de colchón con los trocitos de piel que me arrancan con sus palabras y actos. Esa es la funda sobre la que depositan su peso al dormir, muy lejos el uno del otro, la que manchan con el sudor de sus pesadillas, la infección de sus enfermedades: ¿quedará algo de piel para esa mujer que vivirá lejos de esta casa y que llevo tantos años esperando ser?
Con siete años comprendo que hay manchas que nadie te puede quitar, que son como el óxido de la hebilla de las merceditas, esos zapatos que tan incómodos me parecen pero que, junto al lazo a juego con el vestido, mamá me pone porque dice que así por lo menos da gusto salir conmigo
✔ Algunas curiosidades:
● El final me ha gustado mucho, personalmente me ha parecido adecuado (aunque os cuento que he diferido un poco con alguna de mis compis de lectura conjunta), es el que yo hubiera elegido y me pregunto si se parece en algo al final y desenlace de la historia personal de la autora.
¿Os recomiendo esta novela? Por supuesto, por varios motivos: por todos los puntos destacables que os he contado arriba, pero también porque es una novela que trata temas tan aterradores como fascinantes desde el punto de vista lector, la violencia infantil en el seno de la familia, así como el ostracismo, la falsa moral y los estragos causados por una religión vivida de una forma patológica y enfermiza, temas a los que hay que darle visibilidad, porque están ahí, porque haberlos haylos y no podemos ignorarlos. Y porque incita a desmitificar la figura de la “sagrada familia”, de los “sagrados lazos de sangre”. ¡No os la perdáis!
● La novela que, en ocasiones y debido sobre todo a la ambientación de la época me ha traído a la mente pinceladas de “Cuéntame”, tiene cierto toque autobiográfico. La autora, según he podido constatar en esta interesante entrevista de la revista Vogue, reconoce dejar en parte plasmado en el papel su trauma personal vivido en la infancia y adolescencia, además de haber llevado a cabo un extenso proceso de documentación clínica sobre maltrato psicológico infantil en el seno familiar: Llevaba tres años de proceso de análisis con mi propia infancia, buscando un reencuentro con la niña que fui, y empecé a ser consciente de hasta qué punto la sociedad ignora las repercusiones de los traumas infantiles en la vida adulta. El libro surgió del deseo de poner ese tema sobre la mesa y de generar empatía con las emociones de los niños que se encuentran en ambientes de rechazo o negación, que es el caso de la familia de la novela, que no es una autobiografía, sino una autoficción: bebe de mis propias experiencias, pero también de una documentación muy intensa al respecto.
● Os cuento que “Papá nos quiere” me ha recordado a “La mesías” la famosa serie de Los Javis que si no habéis visto, os recomiendo encarecidamente porque merece mucho la pena. Con una trama también de infancias y adolescencias de imposiciones y estrictas reglas, de renuncias, de prohibiciones. . .
Así es como nuestra infancia se convierte en una perpetua renuncia. Comienza por sentirnos excluidas de las cosas divertidas y de poder vivir despreocupadamente. Creo que estoy predestinada a un destino cruel que los demás niños no comparten. Ellos pueden cumplir los ritos infantiles, ir a fiestas de cumpleaños, excursiones, granja escuelas. Ellos no están en peligro, pero nosotras sí.
● El final me ha gustado mucho, personalmente me ha parecido adecuado (aunque os cuento que he diferido un poco con alguna de mis compis de lectura conjunta), es el que yo hubiera elegido y me pregunto si se parece en algo al final y desenlace de la historia personal de la autora.
Resumiendo: “Papá nos quiere” es una novela no biográfica pero sí autoficcionada, que aborda con valentía el maltrato sobre todo psicológico en la infancia de parte de unos padres clasistas, que ocultan y se avergüenzan de su estatus, que obligan a los hijos a la sumisión, a renunciar a todo lo que tenga que ver con el placer y la belleza. Una obra que también nos muestra cómo esos maltratos generan vínculos tóxicos de los que cuesta mucho desprenderse y que afectan de forma muy negativa a la personalidad en la edad adulta. El daño a unos hijos que crecen rodeados de continuas represalias y desprecios, normas y exigencias absurdas al amparo de una religión e ideas religiosas intolerantes.
¿Mueren las palabras si no se las nombra, o se enquistan dentro, dibujando monstruos y sombras sobre la ventana de los pensamientos?
Le he pedido a los Reyes que me traigan una familia sin peleas, pero lo que me traen es un destino.
Esta novela ha sido un "Debate a tres", la hemos leído y debatido a tres bandas en nuestro club de lectura particular, un Debate en el que en la mayoría de nuestras opiniones hemos coincidido, aunque no en todas. Si tenéis curiosidad por ver otros enfoques, otras perspectivas distintas, u os apetece saber si Mariana y Rosa han disfrutado la novela tanto como yo, podéis hacerles una visita y leer sus reseñas AQUÍ y AQUÍ, seguro que no os arrepentiréis
Mi nota esta vez es la máxima, para variar, dicho sea irónicamente:
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