
Era como si dentro de mí hubiera algo claramente primitivo que me atravesaba, se liberaba y se convertía en mí, algún salvaje y oscuro vendaval que yo mismo había creado en aquel bello y soleado día. Y me pregunto: ¿A quién odiaba? ¿A quién y a qué temía?
En el sótano, con Ruth, comencé a aprender que la ira, el odio, el miedo y la soledad son un botón que espera el tacto de un solo dedo para desbocarse hacia la destrucción. Y aprendí que esos sentimientos pueden tener el sabor de la victoria
En el sótano, con Ruth, comencé a aprender que la ira, el odio, el miedo y la soledad son un botón que espera el tacto de un solo dedo para desbocarse hacia la destrucción. Y aprendí que esos sentimientos pueden tener el sabor de la victoria