
"Una comandancia de la Guardia Civil a medianoche: ruido, murmullos, periodistas en la calle con sus cámaras y flashes, voces saliendo del ascensor, teléfonos sonando, barullo. Son tres guardias civiles sentados de frente, hablan los agentes gemelos mientras su sargento observa con detenimiento la pantalla del ordenador.
—Si la chiquilla subió a ese coche, no la van a encontrar viva, jefe —afirma uno.
—Ni muerta —confirma el otro.
—Tenían ustedes razón. Nos la han asignado a nosotros.
Un Pardo se golpea los muslos y se contiene: —¡Lo ves!
El otro Pardo señala con el dedo, indignado: —Nos la quitaron hace trece años y ahora nos la vuelven a dar.
—Nos quitaron el caso. —Y se lo llevaron a Madrid. —Sin escucharnos.
—Y no encontraron más pistas ni de Oriol ni de la niña. —Ni de quién le pegó el tiro por la espalda a Verdugo.
—¿No encontraron o no quisieron buscar?"
—Si la chiquilla subió a ese coche, no la van a encontrar viva, jefe —afirma uno.
—Ni muerta —confirma el otro.
—Tenían ustedes razón. Nos la han asignado a nosotros.
Un Pardo se golpea los muslos y se contiene: —¡Lo ves!
El otro Pardo señala con el dedo, indignado: —Nos la quitaron hace trece años y ahora nos la vuelven a dar.
—Nos quitaron el caso. —Y se lo llevaron a Madrid. —Sin escucharnos.
—Y no encontraron más pistas ni de Oriol ni de la niña. —Ni de quién le pegó el tiro por la espalda a Verdugo.
—¿No encontraron o no quisieron buscar?"




