
No todas las niñas son iguales. Hay unas que tienen el mismo atractivo que una tabla de triplay. A esas, el cerebro de Raymundo ni siquiera las registraba. Había otras que lo atraían porque eran lindas y ya, como un trozo de carne colgado que podría llamar la atención de cualquier perro hambriento. Por moda, a veces las madres visten a sus hijas de putillas, exponiendo pedazos de esa piel infantil a los ojos de cualquiera. Imposible no mirar.
Ese tipo de niñas que atraían su mirada momentáneamente. No era que abundaran, pero había que clasificarlas de alguna manera. Conformaban un grupo especial. Eran las que se convertían en ideas que sobrevolaban en círculos, dentro de su cabeza. Ninguna otra ocupación por importante que pareciera podía distraerlo de niñas así. No eran comunes. Magnéticas. Tréboles de cuatro hojas. Aquellas que poseían la capacidad de transformarse en una fantasía recurrente que no se limitaba a las horas de sueño. Una fantasía de tiempo completo, un delirio
Ese tipo de niñas que atraían su mirada momentáneamente. No era que abundaran, pero había que clasificarlas de alguna manera. Conformaban un grupo especial. Eran las que se convertían en ideas que sobrevolaban en círculos, dentro de su cabeza. Ninguna otra ocupación por importante que pareciera podía distraerlo de niñas así. No eran comunes. Magnéticas. Tréboles de cuatro hojas. Aquellas que poseían la capacidad de transformarse en una fantasía recurrente que no se limitaba a las horas de sueño. Una fantasía de tiempo completo, un delirio




