Conoce a Dewey leemáslibros, el gato que inspiró el título de mi blog


6 de junio de 2026

“LA VÍSPERA” de Manuel Jabois


   Pasaje destacado
Portada de la novela La escritora de Barker y Patterson, Editorial RBA"Cuando creció, se preguntó si el hecho de no haber sentido nunca una poca lástima tenía que ver con que solo era una niña y desconocía, aún, las instrucciones básicas de la vida y la muerte, dónde acababa una y empezaba otra, ni siquiera si había algo en la frontera de las dos. Creía recordar que aquellos dos niños salieron de la casa en dos camillas. Le pareció entonces oír el ruido de las ambulancias y los gritos y urgencias que rodean a un grave accidente, no el silencio helado que cubre todo cuando se produce una muerte.

Pero en realidad ella no vio nada, porque en cuanto sonaron las detonaciones su padre apareció corriendo en la cocina y se la llevó en volandas para encerrarla en la salita de estar, donde sus tías estaban gritando «¡qué pasó, qué pasó!», y esa imagen de ellas descompuestas sí la tuvo siempre presente; gente alarmada porque no sabe lo que pasa, ese infierno que tiene que ver con las desgracias: uno en el que aún hay que parar la ruleta y saber cuál toca."

Leí por primera vez a Manuel Jabois (Sangenjo, Pontevedra, 1978) hace ya más de dos años, me fascinó “Mirafiori” (2023), su prosa y me fascinó lo que me contaba y cómo la contaba. Con “La víspera” (29026), este autor gallego me ha vuelto a deslumbrar por más que sean dos historias totalmente distintas, tanto en la forma como en el contenido, pero sobre todo en el contenido. Nada que ver la una con la otra. Si bien “Mirafiori” tenía cierto toque sobrenatural que no desentonaba ni me disgustó, más bien al contrario, aquí todo es muy real, demasiado real.
  
Los puntos fuertes y débiles de la novela

 El comienzo: es impactante y nos deja con muchas expectativas: nos muestra a la protagonista despellejando, despiezando y deshuesando con absoluto disfrute un conejo, en “la víspera”, para la cena del día siguiente, el de su cumpleaños, mientras recuerda algo ocurrido en su infancia, un hecho crucial que la marcó.
Quebró las patas del conejo con las manos y los chasquidos la hicieron retroceder al día en que apretó un gatillo dos veces, muerta de risa, creyendo que la pistola era de juguete. Aquel suceso hizo estallar su vida para siempre, pero apenas reparaba en él. ¿A qué edad sabe un niño cuándo acaba el juego y por qué? Una vez le contaron que si un hombre ciego de nacimiento aprende a distinguir por el tacto un cubo de una esfera, si recuperase la vista ya adulto, no sabría cuál es la esfera y cuál es el cubo sin poder tocarlos. ¿Cuántos ciegos ven por primera vez y no saben, de pronto, subir las escaleras que subían ciegos, moverse por la casa por la que se movían ciegos, descifrar con el atajo de la vista el mundo que costosamente ya conocían, medían y pesaban sin los ojos?.

✔ La trama a grandes rasgos sin spoilers: ambientada en Galicia, lugar donde el autor se mueve como pez en el agua y eso se nota. Los hechos suceden en un pueblo pequeño, el típico donde todo se sabe y en el que también todos aparentan o intentan aparentar ser familias unidas, felices y comer perdices. La historia transcurre durante las 24 horas de un 30 de diciembre en la vida de una de esas familias, los Rebello, contada por un narrador omnisciente que nos aporta datos sobre sus miembros, en el pasado y en el presente. Un presente en el que han desaparecido dos niños pequeños de 10 y 11 años, Luis y Marcos, hecho que ha llenado el pueblo de policías, periodistas, cámaras por todos lados, mientras que el país anda medio paralizado por el suceso. Además, uno de los hijos, Mon, el pequeño de la familia, también está en paradero desconocido. Pero en contra de lo que pudiera parecer y curiosamente, esas desapariciones son algo realmente secundario, por más que aportan algo de intriga a la trama.
El suceso había ocurrido en pleno centro del pueblo. Los chicos eran hermanos y se habían evaporado en la carrera popular que se organizaba cada Navidad. ¿A qué edad pierdes la capacidad de extraviarte? Tenían once y diez años, que son edades en las que estás más despierto que con cuarenta. Lo de los niños que se pierden jugando en las playas y en los centros comerciales era todo un caso, pensó Chami. ¿Pero en una carrera? Si te pierdes corriendo no te estás perdiendo: estás huyendo.

✔ Los personajes: los protagonistas son tres, la madre, Amalia y sus dos hijos Chami y Mon. Hay varios secundarios interesantes como Ramón, el marido de Amalia de los que no voy a hablar, aunque también tienen cierto peso en la trama.

▶︎ Amalia Constenla: es el personaje estrella de la novela por sus peculiaridades y rarezas, inolvidable, ¡buenísimo! Tiene sesenta y cuatro años, tuvo a su hijo mayor y preferido, Chami, con catorce, por accidente. Es una mujer hiperactiva siempre pendiente de las necesidades de los que la rodean, que nunca se sienta, todo lo hace de pie y es incapaz de sentir y experimentar las emociones.
No estaba molesta ni enfadada ni alegre ni expectante, tampoco tenía miedo. Algo dentro de ella sabía lo que iba a ocurrir, y no quería que ocurriese de ningún modo, pero cuando fue a encontrar resistencia no había nada. Le pasaba muchas veces. Buscaba emociones a la desesperada que, simplemente, o no tenía o nunca aparecían. Luego aprendería a convivir con su ausencia. Luego su ausencia le haría bien.

Cree tener una deuda para con la sociedad y la gente del pueblo por algo ocurrido en el pasado y se ha propuesto como penitencia, conseguir ser buena persona, que todos la necesiten, que la quieran no por lo que es, sino por lo que hace, por ayudar y entregarse siempre a los demás. Y vaya si lo ha conseguido… 
A ella la quería todo el pueblo. Si no habían parado habría sido por despistados, por borrachos o por imbéciles, pero no por mal a ella. Era Amalia. Allí decías «Amalia» y todo el mundo sabía a quién te referías. O te había regalado algo, o te había cocinado algo, o había llegado la primera al tanatorio y se había marchado la última, o te había ayudado en la cosecha y en la vendimia, o te había llevado unas fresas de la finca de su padre, el difunto Rebello, por el nacimiento de un hijo. No paraba quieta las dieciocho horas que estaba despierta, más o menos. Si descansaba, era para calcetar.

▶︎ Chami Palmeira, también es un personaje complejo. Cuarenta y ocho años, es el primogénito de Amalia y Ramón, está muy pegado a las faldas de la madre y hace todo lo posible por complacerla. Autodestructivo, futbolista retirado muy criticado por la prensa, su pareja acaba de dejarle y está enganchado a diversas drogas. Tiene TDAH diagnosticado ya de adulto que le sume en un estado permanente de scroll mental, y anda necesitado siempre de cierto movimiento e inestabilidad. 
Sobrellevaba los problemas habituales: una ex de la que no sabes si sigues enamorado, algunos amigos hablando mal de ti a tus espaldas, tertulias de la tele en las que se ríen de ti, la impotencia sexual; asuntos incómodos que no impiden el curso de la vida. No buscaba ya placer: exigía picos estupendos. Vivía como si cada noche le hubieran robado el alma y cada mañana tuviera que fabricarse otra con restos. Por eso probaba todo. Por eso se metía cosas. Por eso podía entrar y salir de internet doscientas veces cada hora. No era una adicción, era una economía.

▶︎ Mon, es divorciado y desempleado de larga duración, el hijo más débil de los Rebello y mantiene una relación muy compleja con la culpa. Padre de Moncito, al que casi no vio en sus primeros tres años de vida pero que ahora vive con ellos en la casa familiar. Empezó Derecho, pero dejó los estudios para ser escritor. Exalcohólico, lleva cinco años sin beber. 
Cuando leía un suceso en el periódico, pensaba automáticamente dónde había estado él en aquel momento y si sería sospechoso a ojos de alguien; el suceso podía ser en Pontevedra, Vigo, Madrid o Nueva York, daba igual: su cerebro tenía interiorizado el mecanismo que generaba automáticamente su coartada. Cuando compraba algo en un hipermercado, o en un centro comercial, desaceleraba el paso al salir. delante del vigilante de seguridad, y ya en la calle se quedaba un rato por la acera, fingiendo que veía algo en el móvil, para que el vigilante viese que estaba todo bien.

 La prosa, cuidada, bonita, de las buenas:
El mar estaba más oscuro y batía lento contra las rocas; olor a sal y a leña de chimeneas lejanas. El viento llegaba limpio desde la ría y enfriaba la cara. El aire en Agrelo era húmedo, salado y cortante, se metía por la nariz y arañaba por dentro. El cielo estaba bajo, cerca de su cabeza, y unas pocas nubes pesaban sobre la ría. Había una luz clara y brillante de un sol grande y sin fuerza. La arena de la playa estaba mojada y oscura, con charcos aquí y allá, y restos de algas en la orilla. Chami vio dos barcos fondeados a lo lejos, quietos. El agua mansa y helada, un azul metálico como de cuchilla. Un olor a gasóleo de barco viejo llegaba desde el puerto cercano. Había latas de cerveza entre los juncos y un grafiti desteñido. Por un momento olvidó el miedo, su peor miedo: el que sabes que no debes tener pero tienes.

 Los temas que se abordan: el tema principal aquí es el de LA FAMILIA, así con mayúsculas, las obligaciones familiares y lo que se está dispuesto a hacer o no para protegerla y encubrirla, lo que en su seno se dice y lo que se calla, lo que se intuye pero que nunca se pregunta. También está muy presente el tema de las relaciones entre padres e hijos, la culpa, la importancia del qué dirán y el aparentar lo que no se es.


Resumiendo: “La víspera” es una novela de corte rural, familiar, con cierta tensión, cortita y muy bien escrita que te agarra ya desde el principio por su comienzo perturbador y no te suelta. Una novela que dibuja la peculiar relación entre una madre y un hijo narrada con cierto toque humorístico y un final que me ha sorprendido y gustado por más que sea algo ambiguo y algunos flecos los deje al libre albedrío del lector. 


A veces pasaban cosas, otras veces no, como en todas las familias. Y si pasaban cosas se arreglaban, como en todas las familias. Ellos eran una familia como todas. Las familias se quieren y se cuidan y se protegen y no se preguntan nada, y eso lo hacen todas. La familia es el aceite hirviendo de la sartén, no metas la mano ahí, pregunta mejor antes si calienta o no, eso pasa en esta familia y en cualquier familia. La familia es la familia, y todo lo demás, en el fondo, muy en el fondo, da lo mismo.


¿Os recomiendo esta novela? Por supuesto, por varios motivos: por todos los puntos destacables que os he contado arriba, pero también porque es de esas lecturas que cuando las terminas, te dejan pensando varios días en ella, y porque sí, porque merece la pena leer a Jabois si es que no lo habéis hecho ya.


Mi nota esta vez es la máxima, para variar, dicho sea irónicamente: 


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