Pasaje destacado
"Pequeña Gatita sabe que ella es la elegida del señor Fox, la amada y apreciada. Porque Pequeña Gatita es especial. Ella es una niña solitaria a la que su Papá abandonó, pero eso fue hace años, el señor Fox es ahora Papá, Osote de Peluche-Papá sujetándole la cabeza más fuerte con ambas manos. Gatita se siente a punto de atragantarse, de jadear, de tener arcadas, de forcejear para liberarse, pero no se atreve, porque no quiere contrariar a Osote de Peluche.Ahora le acaricia el cabello, la suave piel del rostro, el suave cuello, murmura: Pequeña Gatita, te adoro, este es nuestro secreto, nunca reveles nuestro secreto, yo te amaré para siempre. ¡Sí! Por supuesto que Pequeña Gatita guardará para siempre el secreto. Ama a Osote de Peluche, ama tanto al señor Fox que podría morirse."
Los puntos fuertes de la novela
El inspector Zwender es el encargado de investigar el caso y recopilar las pistas que le llevarán a increíbles descubrimientos y a saber lo que realmente pasó con el señor Fox. Descubrimientos que también irán sorprendiendo poco a poco al lector ya que al principio se barajan varias hipótesis, ¿suicidio? ¿accidente de coche? ¿asesinato?
He hablado con el médico forense —dice Zwender—, todavía se inclina por lo de «no concluyente». Le parece que hay demasiado margen de error. Es incluso posible, considerando las pruebas que tenemos, que la muerte de Fox fuera accidental. Quizá no hubo ningún delito. No hay conexión con la página web de pedofilia; eso era un callejón sin salida. No hay conexión con nadie de Wieland. Sencillamente, Fox tomó la carretera equivocada. Se perdió en la reserva. Tal vez buscaba a una chica a la que había conocido por internet y se perdió. Quizá estaba borracho. Sabemos que bebía, hemos visto las botellas.
✔ La estructura narrativa: la novela consta de un prólogo que ya permite intuir pequeños matices de lo que nos vamos a encontrar:
Nunca hubo un tiempo en que yo no estuviese enamorada del señor Fox.Nunca hubo un tiempo en que el señor Fox no fuese mi vida. Porque antes de que el señor Fox entrase en mi vida, nuestras almas se conocían en el tiempo anterior, donde no hay tiempo. Porque nacemos de ese saber. Del tiempo anterior, como cuando al despertar por la mañana llevamos el recuerdo de los hermosos sueños que hemos perdido al despertar.En el tiempo anterior somos niños y estamos juntos, no hay «edad» que nos separe.Esto me lo explicó el señor Fox.Y dijo: Cariño mío, nunca habrá un tiempo en el que nuestras almas no estén unidas.Y dijo: Nuestro juramento (secreto) será que moriremos el uno por el otro si así se nos requiere. Nunca revelaremos nuestro secreto, moriremos juntos nuestro secreto morirá con nosotros.
Se intercalan capítulos que describen lo que va ocurriendo con Fox desde que llega a Wieland y es entrevistado por la directora de la Academia Langhorne en 2013, con otros ambientados en 2005 que cuentan como fue el desempeño de su profesión en su anterior colegio el Newell Johnson en Quakerbridge (Pensilvania).
Treinta y tres años. Su primer trabajo a tiempo completo desde que terminó el posgrado: profesor de literatura de séptimo y octavo en el Colegio Newell Johnson de Quakerbridge (Pensilvania). Frank Farrell es joven, ingenuo y optimista, confía demasiado en su propia bondad y en la bondad de los demás.
Y según avancemos en la lectura, iremos conociendo más datos sobre lo ocurrido allí en el pasado, con una de sus alumnas de 12 años, Miranda Myles, y las circunstancias por las que tuvo que buscarse otro trabajo.
Su amor por Miranda Myles era muy diferente. Un amor puro, como oro batido en aérea levedad. Lo que sentía por Miranda era lo que Poe sentía por su prima Virginia, que solo tenía siete años cuando la conoció. ¡Siete! A esa edad, una niña es pura belleza e inocencia. Una niña tan pequeña apenas es un ser físico. Es más bien como una muñeca, con una piel suave e impecable. Amor puro. Amor ideal. Amor predestinado. Por respeto a Miranda, se abrió a su amor. No podía rechazarlo; no podía rechazarla a ella.
✔ Los personajes: Como ya sabemos los que hemos leído a la autora, esta no da puntada sin hilo, claramente sabe cómo construir personajes muy buenos e interesantes. Los más importantes en la trama son:
▶︎ Francis Harlan Fox (también Osote de peluche y señor Lengua): es el protagonista principal alrededor del que pululan los hilos de la trama. Sobre él se profundiza, llegaremos a conocerle bien, la autora se introduce con habilidad en su mente y nos hace partícipes de sus pensamientos y de sus aberrantes ansias pederastas.
El señor Lengua se muere por besar a su manera especial de señor Lengua. El señor Oso de Peluche se muere por acariciar a su manera especial de Oso de Peluche.
Fox es un profesor ideal, carismático e ingenioso que irradia entusiasmo por la enseñanza, de esos que conocen a la perfección las artes de la manipulación y saben cómo meterse en el bolsillo a niños, jóvenes y padres, haciéndoles creer que es ética y moralmente correcto e inquebrantable. Un tipo que encandila y consigue que se enamoren de él tanto niñas/adolescentes como mujeres de todas las edades. Y en realidad, lo que nadie sospecha es que Fox es un auténtico pedófilo, un ser sin escrúpulos que ha acumulado en su ordenador un banco de imágenes que se remonta a finales de los años noventa con cientos de fotos de las que fueron sus pequeñas gatitas/niñas preadolescentes.
Francis Harlan Fox», un nombre ideal para un joven de treinta y tantos años: Con sus ojos azul pálido y su encantadora sonrisa de incisivos separados, Fox es a la vez juvenil y paternal, un tipo ideal para la docencia en secundaria. En el siglo XXI no se busca un patriarca severo y anticuado, sino alguien a quien la autoridad le resulte natural. Salta a la vista que Fox tiene ingenio; pero también es modesto, incluso autocrítico; es gracioso de manera encantadora, como los monologuistas televisivos menos agresivos, que provocan la risa sin forzarla.
▶︎ P. Cady: la directora de la Academia Langhorne. Su entrevista de trabajo con el profesor para optar al puesto, el diálogo que mantienen ambos, es muy interesante, no tiene desperdicio porque deja en evidencia el absoluto poder manipulador del hombre. Comprobamos con escepticismo y verdadero asombro como la mujer va cambiando poco a poco su opinión sobre él, cómo se la va llevando a su terreno. Comienza la entrevista recelando de Fox (este ha enseñado en cuatro colegios distintos en nueve años, raro raro. . .) con auténtica desconfianza y convencimiento de que todo en él es falso y la termina cambiando totalmente de parecer, virando hacia la admiración e idealización del personaje y su consiguiente contratación.
Nada de lo que dice este hombre es ni remotamente auténtico, genuino. Todo en «Francis Fox» es una actuación; P. Cady lo sabe.
P. Cady, es de las primeras en caer en sus redes, engatusada, también Katy Cady, la amiga más antigua de Francis Fox que además es sobrina de P. Cady, y la bibliotecaria de Wieland, Imogene Hood, otra de las mujeres que acaban suspirando por el profesor.
Con frecuencia ha sucedido en la vida de Francis Fox que acaba decepcionando a las mujeres adultas con las que entabla amistad. Pero él no las engaña, de eso está seguro. Son ellas las que están ansiosas por hacerle favores, prepararle comidas, comprarle regalos, prestarle dinero en ocasiones sin que se lo pida; no es culpa suya… La mayoría de las veces, al final ellas lo perdonan. En la vida de una mujer solitaria, un Francis Fox sigue siendo un premio.
▶︎ La pequeña gatita del señor Fox, su capricho preferido actual, es también protagonista de la historia, la adorable Genevieve Chambers, de doce años. Fox está muy obsesionada con ella, aunque no sabe cuánto le durará el interés, si el año escolar, un semestre, o como a veces le ha ocurrido, solo un mes.
El resto del tiempo, Pequeña Gatita apenas come. La prueba es que el señor Fox puede sentir sus costillas, sus clavículas y los huesos de las muñecas. Pequeña Gatita sabe, teme, que el señor Lengua no querría lamer, chupar ni hacerle cosquillas si sus pechos como ciruelas fueran más grandes, y si le empezaran a crecer pelos en las axilas, aunque fueran finos y sedosos y más suaves que el pelo de su cabeza. Porque el señor Fox ha expresado su escrupulosa aversión por las niñas mayores que van a noveno y a los cursos superiores.
Todas sus pequeñas gatitas, las elegidas, tienen entre doce y trece años, las de menos de doce no le interesan y el límite por arriba son los catorce, edad a partir de la cual las chicas ya comienzan a ser medio adultas y no le resultan atractivas. A todas las adormece “para jugar con ellas” en su despacho.
A los catorce años, la fatal tosquedad mamífera suele instalarse de forma inexorable: los diminutos botones mamarios comienzan a engrosarse; las caderas, los muslos y las piernas, incluso en las preadolescentes más ligeras, empiezan a crecer. El exquisito rostro de niña se pierde, y emerge el rostro adolescente, más lleno, con sus autoindulgentes morritos e imperfecciones. Brotan pelos en las axilas y la entrepierna, erizados en las piernas como diminutos alambres, repulsivos para alguien con los exigentes gustos de Francis Fox.
▶︎ Los hermanos Healy: el mayor es Marcus, 22 años, guapo, bruto, machista, y el pequeño, el empático Demetrius, 20 años, alto y desgarbado, tímido con las chicas, se dice de él que tiene pocas luces. Trabajan juntos descargando maderas viejas con el camión de su padre, Lemuel Healy, en el vertedero Wieland. Lemuel además es bedel a tiempo parcial en la Academia Langhorne, ocupándose de la limpieza ayudado por el servicial Demetrius. Ambos hermanos son los que encuentran el coche despeñado en el barranco.
▶︎ Hay dos alumnas de Fox, las rechazadas, que también tienen un peso importante en la trama: Mary Ann Healy, es la prima pequeña de Marcus y Demetrius, que estudia becada en el colegio. Siente fijación por Fox, pero claramente no puede ser una de sus posibles gatitas ya que es demasiado madura para su edad. Y la chica del pelo rojo óxido, Eunice Pfenning, ya con 13 años, hija única con pocos amigos, poco femenina, siempre malhumorada, tímida, regordeta y con problemas de salud. Desde la separación de sus padres vive con su madre Kathryn.
✔ Dos curiosidades sobre la lectura: aunque pueda parecer increíble, Fox realmente no se considera un pedófilo y se describe como una persona progresista que siente verdadero asco por ese tipo de individuos. Peculiar esa contradicción entre cómo el señor Fox se ve a sí mismo y lo que realmente es. Mirad. . .
Las niñas de las que Francis se enamora son exclusivamente suyas, pues uno de sus atractivos es que son preadolescentes, es decir, presexuales. No son crías, porque a Francis Fox no le interesan los niños pequeños. De todas las perversiones, la pedofilia le resulta la más ofensiva, como a cualquier ser humano decente. Además, los niños pequeños son aburridos. De hecho, si existe lo opuesto a un pedófilo, ¡ese es Frank Farrell! Aunque tampoco es un pedófobo, desde luego. Por ejemplo, Farrell siempre ha despreciado Lolita, de Nabokov. Sabe que esa famosa novela es una especie de manual para pedófilos, pero a él le pareció aburrida, pretenciosa y ofensiva, cuando no ridícula y punto. Solo un pervertido enfermo se comportaría como Humbert Humbert. Estúpido nombre, estúpido estilo literario. Obligar a una niña de once años a tener relaciones sexuales…, repugnante.
Además de los clásicos paréntesis a los que la autora ya nos tiene muy acostumbrados, me llama la atención algo que creo es novedoso en su prosa o que al menos yo no recuerdo haber visto, y es el uso habitual del signo &. Aunque tampoco abusa de ello, lo usa en contadas ocasiones:
Bien a gustito en la silla giratoria que chirría la muy tonta & que tiene el cojín color capullo de rosa con morritos para besarlos & es apenas lo bastante grande para sentarse dos apretujados & calentitos como tostadas de canela cuando Osote de Peluche rodea con su (musculoso) brazo la (fina) cintura de Pequeña Gatita lento & sinuoso como una serpiente con la más cosquilleante lengua roja-veloz; & con la puerta del despacho de Osote de Peluche cerrada prudentemente porque ya no es horario de oficina en el colegio & nada de luz se filtra por el vidrio esmerilado de la puerta, total privacidad garantizada.
Resumiendo: “El señor Fox” me ha parecido un libro muy bueno, eso sí, nada fácil ni cómodo de leer por ser a mi modo de ver, una auténtica radiografía, casi un manual de uso del perfecto pederasta. La autora consigue meterse en la psique del monstruoso señor Fox, la psique de un auténtico depredador sexual, desentrañando sus oscuros pensamientos y permitiéndonos conocer de qué manera elije a sus víctimas reales y potenciales, como actúa y cómo intenta pasar desapercibido engañando y manipulando a todo el que le considera una persona seria, responsable y comprometida con su profesión.
Los pedófilos como Fox dependen de la ingenuidad de quienes los rodean. Son como parásitos que se introducen en los seres vivos, se esconden en sus entrañas y los devoran desde dentro. Para cuando la víctima se da cuenta, ya es demasiado tarde. . .
¿Os recomiendo esta novela? Por supuesto, por varios motivos: por todos los puntos destacables que os he contado arriba, pero también porque considero a Carol Oates, la puta ama del suspense, una maga de los enredos que sabe ahondar en esos temas peliagudos que por desgracia siempre están de actualidad en la sociedad actual, como los ya comentados además del racismo, la misoginia, el machismo, el abuso sexual, y lo hace con esa manera suya tan característica de escribir, de transmitir. No puedo hacer más que recomendárosla, aunque con cierta precaución ya que considero que no es para todo el mundo y puede herir ciertas sensibilidades. ¡No os la perdáis!
Esta novela ha sido un "Debate a tres", la hemos leído y debatido a tres bandas en nuestro club de lectura particular. Si tenéis curiosidad por ver otros enfoques, otras perspectivas distintas, u os apetece saber si Mariana y Rosa han disfrutado la novela tanto como yo, podéis hacerles una visita y leer sus reseñas AQUÍ y AQUÍ, seguro que no os arrepentiréis
Mi nota esta vez es la máxima, para variar, dicho sea irónicamente:

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