Conoce a Dewey leemáslibros, el gato que inspiró el título de mi blog


21 de junio de 2015

"A CIEGAS" de Josh Malerman



"Hubo momentos, tardes tranquilas, noches tempestuosas, en que Malorie les habló de que llegaría ese día. Sí, había mencionado anteriormente el río. Les había hablado de un viaje.

Tuvo cuidado de no decir nunca que esa sería su «huida» porque no podía soportar que pensaran que sus vidas cotidianas fuesen algo de lo que hubiese que huir.

En lugar de ello, les advirtió que una mañana, en el futuro, los despertaría con prisas y les ordenaría prepararse con el fin de abandonar para siempre la casa. Reparó en que podían detectar su duda, igual que eran capaces de oír cómo se deslizaba una araña por el cristal de una ventana cubierta por cortinas”
Hace cuatro años, el mundo se volvió loco. Al principio las noticias eran confusas, la gente se moría, no habían respuestas.

Después, lo único evidente y verídico eran las víctimas, cada vez más y más numerosas. Víctimas que veían algo, cosas que les empujaba a hacer daño a los demás, para luego herirse a ellos mismos. La única solución eficaz conocida para salvarse, para subsistir, era no ver, no mirar.
 NO ABRAS LOS OJOS. Hay algo ahí fuera. Algo espantoso, que hace que la gente enloquezca y se suicide ante su sola visión. Nadie sabe qué es ni de dónde viene.
Sóla, embarazada, y con su hermana y padres muertos, Malori no tuvo más remedio que arriesgarse a conducir a ciegas: en un anuncio en el periódico, una casa de Riverbridge abre sus puertas a los extraños. Una “casa segura”, dice el anuncio. Un refugio. Un lugar que los propietarios esperan que sirva como santuario ante el creciente número de malas noticias que aumenta a diario.
En su mente, las criaturas se desplazan por campos abiertos sin horizontes. Se acercan a las ventanas de los antiguos hogares y miran con curiosidad a través del cristal. Observan. Examinan. Vigilan. Hacen la única cosa que Malorie no tiene permitido hacer. Mirar...
Y ahora, después de casi cinco años viviendo allí, sabe que ha llegado el momento. Sus dos hijos son muy hábiles detectando e identificando todo tipo de sonidos, los ha adiestrado bien y no pueden quedarse más tiempo encerrados. Deben salir en busca de un futuro, para los tres y para ello tendrán que navegar río abajo a través del apocalíptico paraje en el que se ha transformado todo el entorno.
¿Cuán lejos alcanza a oír una persona? Malorie necesita que los niños oigan entre los árboles, entre el viento, en la orilla fangosa que conduce a un mundo entero lleno de seres vivos. Los niños tienen que escuchar.

¿Será capaz de conducirlos a ciegas, remar a ciegas hacia una vida mejor?

14 de junio de 2015

"PARANOIA" de Franck Thilliez


"Desengancharse del juego era peor que dejar de fumar.

Paranoia era una mezcla adictiva de virtualidad y realidad. Salvo que Paranoia no tenía concepto ni objetivo.

Existía sin existir realmente, vehiculado por rumores, y nadie conocía las reglas ni su fin último. Quizá nadie hubiera jugado a Él ni un solo día.

¿Cómo entrar en Él? ¿Cómo salir? No había respuesta. La única promesa: un día, cuando llegara el momento, el juego estaría ahí y habría un premio de trescientos mil euros para quien osara enfrentarse a sus miedos más íntimos"
Ilan y Chloé son adictos a los juegos de realidad alternativa, unos juegos que surgen en el ciberespacio, pero que utilizan el mundo real como soporte. Su esencia principal radica en ir buscando información para conformar las piezas del puzzle de una historia que se irá viendo afectada por la participación y el camino que vayan tomando los propios concursantes y los acontecimientos.

Algo así es “Paranoia”, un juego perseguido obsesivamente por Ilan y Chloé durante más de un año, antes de que ella se largara sin más después de fallecer los padres de él, una mañana, sin explicación alguna. Fueron muchos meses encerrados todos los fines de semana delante de las pantallas de sus ordenadores hasta casi volverse locos, totalmente empeñados en descubrir si había algo más alla de esa leyenda urbana que circulaba por internet.

Y ahora, después de un año sin verse, ni saber nada el uno del otro, Chloé regresa con más pistas y las claves para poder entrar en el juego y, aunque Ilan ya está desenganchado y completamente rehabilitado, no podrá resistirse a las ganas de volver a vivir ese tipo de experiencias junto a su ex, pero sobre todo al jugoso premio de recompensa (trescientos mil euros) que Paranoia ofrece al vencedor.
Lo he conseguido, por fin he encontrado la entrada del juego. He encontrado la entrada de Paranoia. El juego existe, es real. Y está en Francia
Nueve concursantes encerrados en un antiguo y conocido hospital psiquiátrico aislado en plena montaña y una auténtica pesadilla por delante…

«Paranoia, el juego de las posibilidades ilimitadas. Por trescientos mil euros, ¿te atreverías a enfrentarte a tus miedos más íntimos?» 

¿Conseguirá alguno de ellos llegar hasta el final?  ¿Podrán discernir entre el mundo real y ficticio sin llegar a caer en las redes de "Paranoia"?

23 de mayo de 2015

“NI DE EVA NI DE ADÁN” y “NOSTALGIA FELIZ” de Amélie Nothomb



“El concepto de libertad es un tema tan manido que las primeras palabras me hacen bostezar. La experiencia física de la libertad es otra cosa.

Uno debería tener siempre algo de lo que huir, para cultivar esa maravillosa posibilidad. De hecho, siempre hay algo de lo que huir. Aunque sólo sea de uno mismo.

La buena noticia es que se puede huir de uno mismo. La parte de uno de la que huimos es la pequeña cárcel que el estado sedentario instala en cualquier parte. Uno prepara el petate y si te he visto, no me acuerdo: el yo se siente tan sorprendido que se olvida de dárselas de carcelero. Uno puede librarse de sí mismo igual que puede librarse de sus perseguidores”.

 Hasta entonces, la única forma de vida en pareja que había conocido había sido con mi hermana. Pero ella era mi doble hasta tal punto que no podía considerarse vida de pareja, más bien la existencia, exenta de búsqueda, de un ser perfecto"
1989: Amélie regresa al país del Sol Naciente. Dieciséis años ya sin su Japón, su amado y añorado Japón.
El fin de semana, conseguí salir de Tokio por primera vez. Un tren me llevó hasta la pequeña ciudad de Kamadura, a una hora de la capital. El redescubrimiento de un Japón antiguo y silencioso hizo que se me saltaran las lágrimas. Bajo aquel cielo inmensamente azul, los pesados tejados de teja en forma de arco y el aire inmovilizado por el hielo parecían decirme que me habían estado esperando, que me habían echado de menos, que, con mi regreso, volvía a restaurarse el orden del mundo y que mi reinado duraría diez mil años.
Durante su estancia, se propone perfeccionar su defectuoso japonés a cambio de impartir clases de francés. En un bar conoce a Rimri,
ávido lector de Stendhal que sueña con entrar en la orden del temple.
Poco a poco maestra y alumno intiman y viven su particular historia de amor, compartiendo entre otras cosas, unas cuantas peripecias tan típicamente japonesas, como pueden ser la subida al monte Fuji, o el ataque de los voraces mosquitos tokiotas en septiembre.
La tradición afirma que todo japonés debe subir al monte Fuji por lo menos una vez en su vida, so pena de no merecer tan prestigiosa nacionalidad. Yo, que deseaba ardientemente convertirme en nipona, veía en aquel ascenso una genial astucia identitaria
Recibía la enorme carga de amor de aquella masa zumbadora con una resignación que, una vez superado el suplicio, se transformaba en indulgencia. La sangre me cosquilleaba de placer: en el fondo, hay un lado voluptuoso en lo que nos martiriza, porque en el fondo uno podía llegar a resignarse con entusiasmo 

Que tal le irá a esta parejita tan peculiar? ¿Se quedará a vivir Amélie para siempre en Japón con su querido Rimri, o regresará a Bélgica?