Conoce a Dewey leemáslibros, el gato que inspiró el título de mi blog


12 de agosto de 2019

"VOY A HABLAR DE SARAH” de Pauline Delabroy-Allard


“Escupe el humo hacia el cielo, formando una nube que se junta con las nubes. Hunde los ojos en los míos. Dice: <<Creo que me he enamorado de ti>>. 

Dice que se va a fumar otro cigarrillo para celebrar que ha sido audaz, valiente: suena en la oscuridad el chasquido de la cerilla, el olor del azufre se convierte para siempre jamás en el olor de la confesión que alivia, el olor de la realidad indecible que por fin se expresa, el olor de la verdad desnuda, que toma tierra, colocada ante mí como un regalo.”
Una noche, en una fiesta, dos mujeres se conocen por azar. Una, la narradora, vive su rutina de madre soltera y profesora con una pareja circunstancial. La otra es violinista, excéntrica, sensual y culta. Habla y ríe demasiado. Es Sarah.

A partir de entonces se suceden citas improvisadas, almuerzos, conciertos, lecturas, los cuartetos de Beethoven y la primavera en París. Hasta que un día Sarah dice: «Creo que me he enamorado de ti». Y se desata el amour fou, la pasión que quema a cada instante, y que, como ocurre con todas las grandes pasiones, no puede acabar bien.

8 de agosto de 2019

"OLGA” de Bernhard Schlink


“Yo creía saber por qué a la señorita Rinke le gustaban los cementerios. A lo largo de su vida había perdido a tantas personas cuyas tumbas le resultaban inaccesibles o desconocidas que paseando por entre tumbas de extraños tenía ocasión de hablar con sus muertos. Y no me costaba nada entenderla: a mí también me gustaba visitar la tumba de mis abuelos para recordarles todo lo que les debía y decirles que los echaba de menos.

Pero cuando le conté todo esto a la señorita Rinke, resultó que para ella los cementerios eran otra cosa. Resultó que no conversaba con sus muertos entre las tumbas de los extraños. Si le gustaban los cementerios era porque allí todos eran iguales, los poderosos y los débiles, los pobres y los ricos, los queridos y los desatendidos, los que habían triunfado y los que habían fracasado. Todos estaban muertos y nadie podía ni quería ser más grande de lo que era: allí las ambiciones exageradas ya no existían.”

Olga nace en la parte este del imperio alemán a finales del siglo XIX, sobrevive a dos guerras mundiales y muere en extrañas circunstancias. Su vida, a caballo entre dos siglos, transcurre marcada por la historia. De familia pobre, es criada por su abuela tras la temprana desaparición de sus padres; más adelante se enamora de Herbert, un joven de una clase social superior, cuya familia se opone a la relación.

Deberán mantener su amor en la clandestinidad y después la relación quedará marcada por la distancia, porque Herbert, llevado por el entusiasmo de las guerras coloniales de Bismarck, decide alistarse en el ejército. Viajará por África y por América del Sur y más tarde formará parte de una expedición polar, mientras Olga se queda en casa y le escribe cartas.

2 de agosto de 2019

“PEYTON PLACE” de Grace Metalious


"Cuando se levantó y echó a andar nuevamente, el sol estaba en su cénit, y cuando llegó al letrero con las letras rojas pintadas en un lado, no tuvo que protegerse los ojos con la mano para mirar hacia el pueblecito minúsculo que era Peyton Place. 

¡Oh, te quiero! -exclamó silenciosamente. -Te quiero tal como eres. Con tu belleza y tu crueldad, con tu bondad y tu fealdad. Ahora te conozco, y ya no me asustas. Quizá vuelvas a hacerlo, mañana o pasado, pero en este momento te quiero y no te tengo miedo. Hoy sólo eres una ciudad»

Pueblo pequeño, infierno grande. Grace Metalious no sólo desgració la vida de sus vecinos con la publicación, en 1956, de Peyton Place, fenómeno editorial que borró la distinción entre alta y baja cultura cuando confundir ambas cosas aún no estaba de moda. En opinión de muchos, sin este libro no habrían existido Melrose Place y Twin Peaks. Algunos paladines de la utilidad incluso estiman que Peyton Place dio empuje al movimiento feminista estadounidense y ocasión de revisar la hipocresía moral de la época.

Pero gracias a este incordio de libro, Metalious también se ganó la muerte social y, según el parecer de sus biógrafos, la cirrosis que acabaría con ella a los treinta y nueve años. La autora había buscado la fama, y la parábola acaba con sus últimas palabras: «Ten cuidado con lo que deseas, porque podrías conseguirlo».