Pasaje destacado
"Miré las noticias en el comedor. Se mantenía aquel calor inusual, no había lluvia a la vista. Había abierto la puerta principal y la puerta corredera del jardín, y una brisa cálida recorría la casa. El interminable verano traía consigo una extraña inquietud, una impotencia que intentaba ignorar la mayor parte del tiempo. En algún momento tenía que refrescar, se formarían nubes, llovería. Llegaría el otoño. Una creencia en una vieja normalidad que los meteorólogos habían ido aplazando día tras día. Perplejos, observábamos la curva de la temperatura, la línea roja y la azul, que indicaban el día y la noche y permanecían muy juntas, invariables.Cada día la esperanza de un descenso, al menos de la línea azul, de noches más frescas, de masas de aire de distintas temperaturas que pudieran chocar sobre el bosque. Cada día la esperanza de nubes, de lluvia. Cada día todavía no. Cada día el “tiene que llegar en algún momento, llegará”. La espera. "
Los puntos fuertes de la novela
✔ El comienzo: ya te da una idea de lo que te vas a encontrar y te trae a la cabeza ecos de este último verano pasado y sufrido en España.
La mujer y la niña llegaron un martes. Hacía semanas que no venía ningún huésped. Las ferias se habían cancelado o aplazado debido a la permanente situación de peligro, y al parecer no había otras razones para venir a nuestra región.Pese a que ya era octubre, el calor de los últimos días había vuelto a avivar los fuegos. En el jardín se oían los helicópteros sobrevolando el bosque, así como los avisos de la policía cada dos horas mientras recorría la zona: Permanezcan en casa, pónganse la mascarilla, mantengan puertas y ventanas cerradas. Permanezcan en casa, pónganse la mascarilla, mantengan puertas y ventanas cerradas. Permanezcan en casa. El volumen subía y bajaba a medida que se acercaban y se alejaban.
✔ La trama a grandes rasgos sin spoilers: La historia discurre durante un tórrido e incandescente verano en un mundo (apocalíptico) que ya no es como el que conocemos, un mundo donde la crisis climática ha destruido la normalidad de siempre: veranos que duran una eternidad y temperaturas que no bajan de los 35 grados, un incendio tras otro que arrasan todo lo que encuentran a su paso (¿os suena?) y obligan a permanecer a la gente confinada, a salir a la calle con mascarillas por la pésima calidad del aire y el humo constante en el ambiente, o incluso a ser evacuados de algunas zonas siempre previa consulta de las apps informativas. Otoños que ya no existen e inviernos cada vez más breves que se viven como pequeñas pausas reconfortantes.
Aplicaciones que se actualizaban continuamente, que mandaban avisos, y cuya observación se había convertido en una parte normal de nuestra vida cotidiana. Amarillo significaba prudencia; naranja, confinamiento; rojo, evacuación. Así eran los veranos aquí, entre el amarillo y el naranja. Mascarillas, viento, ceniza. Lágrimas en los ojos, dolores de garganta, parques cerrados, piscinas, zonas de juego cerradas. Días de verano en casa, detrás de ventanas cerradas, hojas que se volatilizaban lentamente en el aire y caían en la grava caliente. Todo ante el resplandor al otro lado del río.
Dorota (o Doris) y su hija pequeña Ilya Ansel, llegan al hotel desocupado que regenta Iris en la antigua ciudad balneario, hoy día la desolada Bad Heim, uno de los pocos habitantes que aún aguantan y resisten en la población.
Bad Heim. Casas bajas, jardines delanteros asfaltados, calles vacías. Señales que indicaban lugares que ya no existían: el balneario, el casino, los viñedos. Vallas publicitarias. Detrás de ellas, bloques de pisos que marcaban un horizonte blanco como montañas, fachadas, balcones sobre balcones, donde lo privado estaba junto a lo privado, separados por paredes de cristal esmerilado. Rascadores para gatos, pajareras, muebles de plástico recubiertos con manteles de hule, tendederos, bicicletas estáticas. El búnker vacío del Grand Hotel, las letras incompletas que se elevaban hacia el cielo en la fachada, las viejas cortinas. Muchas casas conservaban aún la indicación de que una vez albergaron pensiones, placas verdes que prometían para siempre habitaciones libres, descanso y aire puro.
Muy pronto Iris se da cuenta de que madre e hija huyen de algo, de alguien o que algo esconden, pero lleva mucho tiempo completamente sola y tenerlas en el hotel le ilusiona y le infunde nuevas ganas de vivir.
Frente a mí había una mujer y una niña pequeña, de unos tres o cuatro años, calculé. La mujer era más o menos de mi edad, treinta y tantos o casi cuarenta. Llevaba un vestido claro, tenía una pequeña maleta de carrito junto a ella, a la niña agarrada con la mano derecha y un bolso colgado al hombro. Me di cuenta de que ni ella ni la niña llevaban mascarilla, pero quizá llevaban ya un rato esperándome y se las habían guardado. Tenían las piernas y los zapatos polvorientos y grises, y traían el olor del bosque, el olor a hojas quemadas y humo.
Un día el marido de Doris llama por teléfono al hotel preguntando por ellas, las está buscando y le comenta a Iris que su mujer es una persona inestable psicológicamente, que no puede hacerse cargo de la niña porque está enferma o incluso algo loca. Pero Iris le niega saber de ellas porque intuye que algo anda mal con él. Y hasta aquí puedo contar…
✦ Doris de unos cuarenta años, es o era actriz de teatro hasta que se casó y dejó de trabajar, lleva tiempo sin actuar, y la pequeña Ilya de tres o cuatro años.
✦ Iris: es la dueña del hotel que antiguamente dirigía su abuelo, un abuelo del que sabremos maltrataba a su madre. Iris ha permanecido en Bad Heim porque es incapaz de romper con su pasado y sus vínculos familiares, y porque el hotel es todo lo que ella tiene en la vida.
Mi madre había crecido en Bad Heim. Se había ido a los dieciséis años, a los veinte me había tenido a mí, y a los treinta y dos había muerto. De niña no supe por qué odiaba tanto todo aquello, el hotel, el abuelo, la tía, todos los que se habían quedado aquí, salvo Baby. Cuando mi madre venía conmigo a Bad Heim, sucedía siempre de repente, como una huida, cuando no había ninguna otra opción. Mientras nos íbamos acercando al pueblo se iba volviendo más y más inquieta. Sus miradas ya no se detenían en mí, sus manos se agarraban con fuerza al volante, sus uñas pintadas de rosa, las largas caladas a sus finos cigarros. Para mí era el único lugar al que volvíamos una y otra vez. Nuestra maleta en el asiento de atrás. El abuelo que nos esperaba ante la casa, que me cogía en brazos, mi madre que no se dejaba abrazar ni besar, que sólo tenía para él una rara sonrisa. Una sonrisa como de cristal, como todo lo suyo en cuanto se acercaba a él.
Iris es lesbiana y sabremos por ella que tuvo una pareja, su ex, Paula, que huyó del pueblo y que ahora vive con otra mujer y tiene un hijo. Siguen en contacto, hablan de vez en cuando por teléfono porque Paula está preocupada por la situación de los incendios y le ha ofrecido a Iris que se vaya a vivir con ellas.
Hay dos personajes secundarios interesantes, Baby, la mejor amiga de Iris y vecina, mujer protectora que cuida de todos y que ha encontrado la forma de regar su jardín conservando su pequeño espacio casi como si nada hubiera cambiado, instalando allí incluso un refugio para gatos.
Vivía sola en la casa de al lado, había crecido con mi abuelo y siempre había entrado y salido del hotel. Después de la muerte de la abuela había echado una mano durante un tiempo, acompañado a mi madre y mi tía a la escuela, limpiado las habitaciones, servido.
Y Alexander Vargas, marido de Doris que las busca desesperadamente, un hombre manipulador, machista y dominante, la típica persona que a todos cae bien, sumamente agradable y elegante. Es médico.
✔ La prosa: en esta novela no es algo especialmente destacable, pero la autora escribe bien y sabe ambientar la trama de tal forma que nos transmite la sensación de agobio por el achicharramiento que lo rodea todo, la claustrofobia, el olor constante a humo.
✔ Los temas que se abordan, interesantes todos: el principal que subyace y domina la trama es el del cambio climático y a donde nos pueden conducir sus consecuencias en un futuro quizás no demasiado lejano: infiernos sofocantes, bosques asolados sin pájaros ni animales que puedan sobrevivir en tales condiciones, incendios continuados en veranos inaguantables.
Además, también se trata la violencia psicológica del hombre hacia la mujer y los estragos que ello puede ocasionar en su personalidad y autoestima, la maternidad y hasta qué punto esta cambia la vida de una mujer, la resistencia a abandonar nuestras rutinas y formas de vida aun sabiendo que sería lo recomendable por la incapacidad de romper con el pasado y con lo que nos une a él.
Él me consume por dentro hasta que no queda nada de mí». Eso era exactamente lo que sentía. En algún momento, todo eso empezó a parecerme normal. Constantemente, constantemente, el tanteo de su estado de ánimo, la anticipación mental de su reacción, mis explicaciones, excusas, el miedo de hacer algo mal, de no haberlo pensado todo. Nunca me ha puesto la mano encima, no ha habido violencia física. Debería haber hablado con él, cambiar mi comportamiento con él, pero a partir de determinado momento ya sólo era esa mujer que se disculpa por todo, que miente, que esconde constantemente la cabeza, asiente y asiente y se disculpa y se disculpa por todo lo que hace, y tiene miedo de lo que él pueda decir.
Resumiendo: “El verano eterno” es una novela interesante por los temas que encierra, con dos mujeres protagonistas que se encuentran viviendo situaciones muy distintas pero al mismo tiempo comunes, la una huyendo de algo y la otra permaneciendo en el lugar del que todo el mundo huye. Una especie de thriller psicológico que pudiera parecer muy distópico pero que en realidad no está tan alejado de lo que ya hemos empezado a vivir y que por desgracia y supuestamente irá a peor año tras año.
El eterno verano no sólo aumentó mi temor a los incendios, sino también mi impotencia. Me había acostumbrado a los incendios en julio y agosto, pero ahora llevábamos esperando desde mediados de septiembre que se humedeciera la tierra y se aclarara el aire.
¿Os recomiendo esta novela? Por supuesto, por varios motivos: por todos los puntos destacables que os he contado arriba, pero también porque la historia que encierra te hace reflexionar, te deja pensando en todo lo que has leído, en el NEGACIONISMO que impera en nuestros días negando lo evidente, lo científicamente demostrado, en ese cambio climático que está destruyendo nuestro planeta. Si os apetece ver más párrafos de los que he seleccionado en esta lectura podéis echarle un vistazo a mi reseña en Instagram que en breve publicaré.
¿Os atrae la novela? Contadme, contadme…
Mi nota esta vez es la máxima, para variar, dicho sea irónicamente:

¡Hola, Marian!
ResponderEliminarDe una te cuento que me has dejado con ganas de leer "El verano eterno". Has dado en el clavo con lo que comentas sobre cómo una historia de ficción, con tintes de thriller psicológico y distopía, se siente en realidad tan cercana a nuestra propia realidad. Un tipo de literatura que entretiene, pero que al mismo tiempo te deja esa espinita clavada y te obliga a reflexionar sobre hacia dónde vamos como sociedad.
El tema del negacionismo y la crisis climática tratado desde la perspectiva de dos mujeres en situaciones tan opuestas (una que huye y otra que se queda) suena a una dualidad interesante y muy potente a nivel emocional.
Anotada queda, excelente reseña y sugerencia ;)
Un beso fuerte.